In Memoriam

Federico Benthem Gross

20 de noviembre de 1944 — 16 de febrero de 2017

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Federico Benthem Gross

El 16 de febrero de 2017, Federico emprendió el viaje más intenso de su vida, el que le llevaría al otro mundo.

Nacido en la ciudad andaluza de Málaga el 20 de noviembre de 1944, Federico Benthem Gross era nieto de Julia Loring Heredia, la tercera Marquesa de Casa Loring, y de Ricardo Gross Orueta, fundador del Museo Loringiano de Arqueología de Málaga.

Siendo aún niño, Federico recibió un importante regalo de obras de arte de su abuelo. Fue el comienzo de su vida como coleccionista y el nacimiento de una pasión sin límites por la arqueología y la antigüedad que marcaría su existencia.

A los dieciocho años, Federico partió hacia Barcelona para cursar estudios de arquitectura. En esa época también realizó sus primeros viajes al continente americano, donde visitó Perú y sobre todo México, desarrollando un interés por las culturas prehispánicas cuyas obras de arte comenzó a coleccionar activamente.

Fue un viajero incansable y recorrió el mundo a medida que su pasión por las culturas tradicionales de América, África, Oceanía y Asia continuaba creciendo. Su fascinación perdurable por el arte y la cultura le llevó a tomar la decisión de convertirse en marchante de arte.

Comenzó a construir su vida profesional en Barcelona, participando en numerosas ferias nacionales e internacionales, así como en congresos y exposiciones. Como miembro de la Asociación Barcelonesa de Anticuarios, fue ganando rápidamente el reconocimiento de sus colegas y la confianza de sus clientes.

Federico era también admirado, a veces con cierta envidia, por más de un coleccionista, por la calidad de las piezas que guardaba en su colección personal. Su gusto exquisito, su profundo conocimiento y su carisma lo convirtieron en un referente de primer orden en España y en un experto muy respetado fuera de su país natal.

En los últimos años de su vida, retirado de la vida activa y viviendo en una hermosa villa en Marbella, cultivó una nueva pasión por la jardinería. El jardín que creó era de la misma calidad que el interior de su casa, donde el conjunto de obras de arte de diversos períodos y procedencias deslumbraba a sus visitantes.

El anfitrión por excelencia que era, Federico nunca se cansaba de recibir a amigos, clientes y conocidos en ese entorno privilegiado. Las veladas eran largas y estaban animadas por conversaciones apasionadas y fascinantes sobre el arte y los placeres de la vida.

Sus amigos nunca olvidarán su carácter extrovertido y efusivo. Federico, te echaremos de menos y siempre estarás en nuestro recuerdo.

— David Serra