In Memoriam

La última dama de la Málaga Industrial

María Eugenia Gross Loring (1913–2013)

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María Eugenia Gross Loring

Hay vidas que son tan ricas, que trascienden la propia y se proyectan en las de su entorno hasta convertirse en una pauta a seguir. Ha sido el caso de María Eugenia Gross Loring o Chica, como la conocían sus amigos y familiares.

No sólo ha tenido una larga vida, sino que además imprimíó en su familia una manera de ser y de hacer las cosas, aparte de conservar la memoria de las generaciones pasadas, unas generaciones que en su caso hicieron posible, con su esfuerzo, la Málaga más próspera del siglo XIX hasta llegar a nuestros días.

El pasado 14 de enero fallecía a los 99 años y con ella se va el entronque más sólido que todavía unía a la ciudad de nuestros días con esa esperanzadora Málaga de la revolución industrial. En Chica Gross Loring conflýan las principales familias de la Málaga del XIX: era bisnieta de Jorge Loring Oyarzábal y de Amalia Heredia Livermore.

Por línea paterna, los Gross: sus abuelos Federico Gross Gayen y María Orueta recibieron en 1906 en su finca de Santa Tecla a los recién casados reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

Su padre, Ricardo Gross Orueta, se convirtió en el III Marqués de Casa-Loring al casarse con su madre, Julia Loring Heredia, que moriría a los dos años de nacer María Eugenia. El título pasaría luego a su hermano, Ricardo Gross Loring.

En cuanto a su padre, preside la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, la Junta de Obras del Puerto, e hizo posible la fusión de la Hermandad del Cristo de la Buena Muerte con la antigua cofradía de la Virgen de la Soledad, formando la Congregación de Mena.

Con este bagaje familiar, María Eugenia fue una mujer inquieta y cosmopolita que hablaba cuatro idiomas y, ya nonagenaria, no dejaba de practicar alemán cuando tenía ocasión.

Nació en Gamarra, entonces una zona de grandes casas de recreo. Gran lectora hasta el final, tenía un especial cariño por el libro El tiempo entre costuras, de María Dueñas, que regalaba con verdadero placer a su entorno al recordarle la etapa de la Guerra Civil, en la que vivió en Tánger, mientras su marido, Ignacio Benthem Guille, combatía.

Madre de seis hijos, en 1953 abrió al pie del Monte Sancha la Casa del Monte, uno de los primeros hoteles en la naciente capital de la Costa del Sol. De esa etapa recordaba una cena con una huésped muy especial: Rita Hayworth.

En la primavera de 2010, el autor tuvo ocasión de conocer a Chica Gross Loring en su casa del Monte Sancha. Con los 96 años que entonces tenía, mostró con orgullo un armario lleno de mermeladas de todas clases que ella misma fabricaba.

Entre sus numerosos recuerdos, preciosas fotografías de su madre, escritos de su larga vida y un álbum de fotos de la década de 1860 de la desaparecida familia Scholtz, con quienes también estaba emparentada.

«El amigo tiene que dar algo: simpatía, cariño, ayuda, socorro... pero algo» Descanse en paz esta mujer llena de vida, encanto y generosidad.